Cuidar tu higiene íntima es fácil. Te contamos cómo | Vanitatis.El Confidencial por Yolanda Ormazábal

Te ocupas de proteger tu piel y tu pelo en la playa o en la piscina. ¿Y qué pasa con tu zona íntima? ¿Le dedicas cuidados especiales en esta época? Si la respuesta es no, sigue leyendo

“La piel de la zona genital femenina es tremendamente sensible. Tiene un pH más ácido que el resto del cuerpo para inhibir la proliferación de gérmenes”, dice María Rosario López-Pozas Díaz, fundadora de Lacaresse Cosmétiques Intimes. Además es una piel muy sensible que reacciona ante cualquier agresión, por mínima que esta sea, y la sometemos a mucho estrés: sol, mar, piscina, depilación, viento, arena, sudor y fricción, cambios constantes en su temperatura y humedad”. En su opinión, estos son los factores relacionados que pueden hacerle sufrir.

¿El día a día?

No te descuides porque no estás a salvo. “Lleva siempre tu neceser de cuidado íntimo: jabón especial para la higiene íntima, toallas de algodón para un secado suave y un sérum íntimo que protege, nutre e hidrata la piel y que deberás utilizar dos veces al día”. ¿No llevas neceser? Cuidado con los jabones de los hoteles, con frecuencia contienen principios muy agresivos para esta zona. En ese caso, lo mejor que puedes hacer es mezclar una pequeña dosis de este jabón con mucha agua. “Y, por favor, evita desodorantes o perfumes. Tienen otros objetivos”.

La ropa también influye

Evita leggings y ropa muy ajustada de tejidos sintéticos porque evitan la transpiración y caminar por las calles de Sevilla, por ejemplo, con 40º a la sombra es un mal plan para tu zona cero. “Utiliza braguitas de algodón. La vagina es quisquillosa y prefiere un tejido que transpira y absorbe la humedad. Huye de los tangas sintéticos. Provocan irritaciones que se intensifican a medida que pasan las horas. Lo mismo para las compresas y salvaslips: elígelos de algodón 100%, reemplázalos con mucha frecuencia y llévalos el tiempo estrictamente necesario. O mejor: pásate a la copa menstrual, mucho más respetuosa con tu piel”.

El mar, la sal y la arena

“El agua del mar –dice Maria Rosario– posee un elevado contenido en oligoelementos con beneficiosos efectos curativos que absorbemos a través de la piel mediante un proceso conocido como ósmosis. Posee también propiedades antibióticas naturales que favorecen la cicatrización de pequeñas lesiones en las capas más superficiales de la piel”. Hasta aquí, todo perfecto, peeero (casi siempre hay un pero rondando), “la sal, y también la arena, se cuela hasta los rincones más recónditos del cuerpo, se deposita en esos pequeños pliegues, y mezclada con el sudor, el bronceador y los fluidos propios de la zona pueden alterar su equilibrio y provocar picores y molestias, irritaciones e incluso pequeñas heridas debidas a la fricción. ¿La solución? “Darse una ducha de agua dulce cada dos o tres horas”.

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Fuentewww.vanitatis.elconfidencial.com

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